Investigacion independiente que revela los secretos del poder

Agosto 13, 202o

Edición: Español

Por: @alta_ignacio - Agosto 13, 2020

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Desfalcos de Uribe en Aerocivil y otras entidades

En 1982, Álvaro Uribe Vélez fue alcalde de Medellín.  Duró cinco meses.  Lo echaron, según las investigaciones de varios periodistas, por sus vínculos con la mafia.  El propio padre del actual presidente de Colombia Iván Duque Márquez, el entonces gobernador de Antioquia Iván Duque Escobar, entre otros, denunciaron ante el presidente Belisario Betancourt, las íntimas relaciones entre la mafia y el joven burgomaestre paisa, relaciones, como se sabe, no solo de negocios sino de sangre, pues los Uribe Vélez son primos de los Ochoa Vásquez, los iniciadores del negocio de la “nieve caliente” y patrocinadores de sus campañas políticas.  Uribe también fue Jefe de Bienes de las Empresas Públicas de Medellín (1976-1977), desde donde lideró la negociación de tierras y el traslado de la población del viejo al nuevo Peñol para la construcción de una represa en los terrenos del antiguo municipio; hecho que generó gran inconformidad, por lo que los pobladores de las zonas afectadas realizaron varios paros cívicos que fueron reprimidos violentamente.  También fue Secretario General del Ministerio del Trabajo (1977-1978), donde concertó el decreto 1468 de 1978 sobre libertades sindicales.  Luego fue director de la Aeronáutica Civil (1980-1982), cargo desde el cual lideró cuatro escándalos de “alto vuelo”: El otorgamiento de cientos de licencias de vuelo a la mafia (250), la presunta importación de contrabando de una avioneta (Investigación de Gerardo Reyes), retrasos e irregularidades en la construcción de la pista del aeropuerto de Rionegro, y el “embolate” de una plata por un monto astronómico: 43 millones de pesos del año 1982, equivalentes hoy a 4.696 millones (casi cinco mil millones de pesos).

Se trata de un contrato que Uribe puso a dedo, colmado de anormalidades y tretas:

 

Uribe suscribió un contrato con la firma Compañía Colombiana de asesores (Colasesores S.A.), con representación legal del Sr Gustavo Torres García, para una “consultoría para el estudio de sistemas y procedimientos administrativos contables y estadísticos” por un valor de 43.627.743 pesos, con un plazo para su realización de un año.  Según informa el investigador, desde las dependencias de la Aerocivil se le sustrajeron doscientos folios al contrato.

 

La firma estaba embargada por el banco Real de Colombia, no obstante Uribe expidió, seis meses antes de la suscripción del contrato, un certificado de disponibilidad en el tiempo récord de un día, por 20.764.750 pesos, unos dos mil doscientos millones de hoy, con el fin de atenderlo.  Gracias a eso, el 28 de julio de 1981 el juzgado 14 Civil del Circuito levantó el embargo y trece días después se firmó el contrato con la Aerocivil.

 

Uribe Vélez le había enviado una nota —de su puño y letra— al director jurídico de la Aerocivil Hernando Herrera que rezaba: “Dr. Herrera, le ruego considerar esto para el contrato”.  “Esto”, aludía a que en unos documentos junto a la nota se aseguraba que el proyecto tenía el visto bueno del Banco Mundial.  Herrera lo consideró, tal vez confiando en la honorabilidad, sinceridad y transparencia del joven director.  Pero era falso que el proyecto tuviera un visto bueno del Banco Mundial.  Esa misma entidad envió una carta estableciendo que debía “ser financiado con recursos o fondos provenientes del FONADE o del FAN (Fondo Aeronáutico Nacional)”.

 

Eso no fue obstáculo para Uribe, quien solicitó al FONADE la financiación del proyecto, pero la entidad lo rechazó por considerarlo muy costoso, recomendándole que el inventario, una parte importante del contrato, podía ser realizado por el mismo personal de la Aerocivil, no justificándose contratar con particulares.  Se decidió entonces reducir el monto teniendo en cuenta la recomendación del FONADE, quedando en 18 millones de pesos.  Éste además solicitó una garantía, y Uribe, en su apetencia por obtener el contrato puso como prenda de pago un radar ubicado en la vereda El Tablazo, avaluado en un millón de dólares (en caso de subasta pública).  Uribe quiso legitimar el contrato acudiendo a destacar que en él aparecían personas de renombre, como el ex alcalde de Bogotá Aníbal Fernández de Soto Valderrama.  Tiempo después, Fernández de Soto demostraría que nada tenía que ver con Colasesores o con la Aerocivil y que su nombre fue usado de mala fe.  La Aerocivil terminó firmando el contrato 3403 por la suma original (43 millones de pesos) a pesar de haberse advertido serias irregularidades.

 

Pasados seis días de firmado, Uribe envió una carta a Carmenza Arana de Ramírez, funcionaria de la presidencia, solicitándole “muy atentamente” la autorización para la celebración de dicho contrato y ella, 15 días después, le dio el concepto favorable.  Uribe pedía autorización para algo que él ya había ejecutado, violando las más elementales normativas de la contratación pública.

 

El caso continúa.  La revista Cromos publica una segunda edición sobre los neblinosos manejos de Uribe en esa entidad, ahora sobre los dineros destinados a compra de equipo por un monto de 23 millones, y de viáticos por uno de 22 y medio millones.  En el año anterior y bajo su misma administración destinó para compra de equipo 12 millones de pesos y para viáticos, 16 y medio millones.  El contrato asignó un salario de 2.310 pesos semanales para un Auxiliar B indeterminado, durante 1300 semanas, o sea, más de 26 años, para un total de $ 3.141.600, o 338 millones de pesos actuales.  Como si fuese una ocurrencia Garciamarquiana, Uribe destinaba un salario a 26 años para un contrato de 1 año.

 

La Procuraduría formuló cargos a Uribe Vélez por esta mezcolanza de triquiñuelas.  La Contraloría lanzó una alerta de manipulación en el proceso de intervención directa del delegado de Colasesores sobre las tarjetas del Kardex, advirtiendo que éste puede alterar las cifras de las tarjetas.  Subraya la contraloría que “Ni Álvaro Uribe Vélez ni ninguno de los funcionarios del DAAC verificó el estado financiero de Colasesores, firma que durante el perfeccionamiento del contrato se encontraba embargada por el Banco Real de Colombia.  Este embargo consta en tres partes: juzgado 14 Civil del Circuito, Banco Real de Colombia y Cámara de Comercio de Bogotá”.  En carta dirigida a Cromos, Uribe explicó que “la entidad oficial contratante durante mi gestión, supervisó y administró el contrato por intermedio del doctor César Villegas, jefe de Planeación”.  César Villegas es en ese momento un hombre muy cercano a Uribe y lo seguirá siendo de ahí en adelante.

 

Villegas, bajo el mando de Uribe, era elegido para viajar a diferentes ciudades alrededor del mundo: Washington, Montreal, Lima, Cancún, etc.  De esos viáticos no se tiene mayor detalle, ya que los archivos de la gestión Uribe se desaparecieron “misteriosamente” y no hay rastros de ello en ningún lado.  Más tarde, Uribe delega a Villegas como profesional en la oficina de planeación el 29 de agosto de 1980.  Seis meses después, el 3 de marzo de 1981, lo encargó en la jefatura de esa oficina y el 10 de abril de ese mismo año lo nombra en propiedad.

 

Uribe es indagado por la Revista Cromos sobre el contrato fantasma que firmó, respondiendo que había nombrado una comisión para averiguar por el paradero de dichos fondos.  En ella figuraba el propio Villegas, un hombre honrado, según él.  “Si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión”, dijo alguna vez Napoleón Bonaparte.

 

Pero César Villegas no era tan probo como Uribe lo presentaba, sino un viejo conocido de la mafia, lo cual le valió su apodo de El Bandi, un economista egresado de la Tadeo Lozano con especialización en Derecho y transporte aéreo de la MacGill University, en Canadá.  Villegas terminó con 3 investigaciones de la Procuraduría que de alguna forma supo capotear y que orbitaban sobre la expedición de licencias de vuelo a narcotraficantes.  Se había convertido en hombre rico, en un sibarita que alquilaba aeronaves privadas para políticos como Ernesto Samper Pizano, y en uno de los mejores hombres de Uribe.  Cercano a los dirigentes del liberalismo, en campaña de 1990 fue el gerente financiero de Samper y su equipo, siendo reemplazado cuatro años más tarde por Santiago Medina.  Villegas aparece en el escándalo de los “narco-casetes” del proceso 8000, su nombre y alias son pronunciados por los capos de Cali y junto a otros elementos probatorios como cheques para las campañas a las que adhería, así como los testimonios de Guillermo Pallomari, el contador del cartel de Cali, lo llevaron a prisión en 1996, condenado por enriquecimiento ilícito y testaferrato.    El Bandi fue asesinado un día antes de presentarse ante la Embajada Norteamericana con la cual había decidido colaborar entregando información de narcotraficantes y sus socios, entre ellos Álvaro Uribe Vélez.  Así lo confirmó el periodista Gonzalo Guillén, quien aseguró que altas fuentes de ese mismo país se lo confirmaron.  Tiene lógica, si se recuerda que El Bandi fue tiroteado por sicarios en plena campaña presidencial y sobre todo, cuando se empezaba a revelar los manejos de Uribe como director de la Aerocivil, a donde había llegado luego del asesinato del anterior jefe de esa entidad Fernando Uribe Senior, un hombre decente que no sucumbió ante el dinero fácil de la mafia.  Todo indica que Uribe llegó a ese puesto por recomendación de Alberto Santofimio Botero y del propio Escobar, pues la Aerocivil era exigencia de estos como pago por el apoyo que el capo habría brindado a Betancourt (5 millones de dólares, según el difunto Popeye).  Desde luego, sin esa entidad la mafia no tenía cómo sacar el blanco producto que se vendía como pan caliente en las calles de las metrópolis gringas.  Todo se relaciona.  Todo se concatena.

Los signos de una perniciosa gerencia en la Aerocivil siguen apareciendo bajo la comandancia de Álvaro Uribe:

 

… “Cuando yo entré, encontré la obra con un retraso de dos años”, declaró Juan Guillermo Penagos, su sucesor en esa entidad, refiriéndose a la construcción del sesenta por ciento del aeropuerto de Rionegro que Uribe tuvo como proyecto y del que con frecuencia suele hacer alarde.  Lo que el cuestionado exdirector no cuenta es que se presentaron graves irregularidades en la construcción de la obra.  De “graves irregularidades” siempre habla la prensa en Colombia, cuando la palabra corrupción suena muy tosca y cruda para designar las típicas marrullerías de la clase dirigente.

 

De tal calibre fueron las denuncias que una subcomisión de la Cámara de Representantes viajó a inspeccionar la obra, luego del debate dado en sesión de la Cámara por el presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros, Felipe Estrada Escobar, y en el cual expuso incisivas observaciones que de la obra recogieron, en especial a lo referente al contrato con una firma española (Dragados y Construcciones).  Las denuncias fueron trasladadas al presidente de la República, a la Procuraduría, a la Contraloría y al Consejo de Estado.  La subcomisión enjuició duramente el papel de la Aerocivil al cambiar los diseños originales, pues al contratar con este nuevo consorcio, se aumentaba exponencialmente el valor del contrato y aparte de eso, se alargaban los plazos de entrega.  La obra, inicialmente presupuestada para tres meses, se extendió por dos años con incrementos en costos y con serias dudas sobre la transparencia del proceso, pero al final no sucedió nada, no se siguió investigando; Álvaro Uribe no renunció ni fue sancionado ni se volvió a tocar el tema.

 

De 1984 a 1986, Uribe se desempeñó como concejal de Medellín, siendo ponente del acuerdo de exención tributaria a las cooperativas, figura que desde entonces empezó a ser utilizada por los empresarios como una forma de eludir el pago de impuestos.  A finales de la conmocionada década del ochenta, en 1989, fue liquidada la empresa de explotación de oro, Mineros del Chocó S.A.  Había entrado en crisis desde 1986, y se constituyó entonces en la Metales Preciosos del Chocó S.A., estafando a obreros y pensionados al entregarles acciones como forma de pago de sus prestaciones sociales.  La maquinaria obsoleta, mucha de la cual ya había pasado por ingleses, norteamericanos y por último por dueños paisas, fue dada como pago de esas prestaciones a los trabajadores de la Mineros del Chocó.  En un par de años los costos de mantenimiento pararon las operaciones y los trabajadores quedaron sin nada.  El gerente liquidador de este “magnífico” negocio fue Álvaro Uribe Vélez.

 

Como puede notarse, la dirección de las empresas públicas parece no ser el fuerte para quien, años más tarde, tendrá en sus manos la empresa pública de mayor responsabilidad del país: La presidencia de la República.

 

¿Y qué pasó con la otra investigación, la del millonario desfalco a la Aerocivil en la que —como cosa rara— estuvo involucrado?

 

En esa y demás actuaciones al frente de la Aerocivil, la alcaldía de Medellín y otras dependencias estatales, Álvaro Uribe ha sido custodiado por sus antiguos correligionarios liberales, y ya los tiempos de ley para la investigación o reapertura de procesos, han expirado.  Hace más de treinta años, en 1988, el Procurador General, Horacio Serpa, aseguró que no existían pruebas concretas de hechos delictivos por parte de Uribe Vélez (“muchas se habían desaparecido”), aunque al parecer, Serpa no haya tenido en cuenta —o no haya querido tener— los manejos directivos que, como se demuestra, se disponen poco diáfanos y que constituyen tan solo pequeñas hojas de un frondoso árbol que se alza combado.  Un árbol torcido y podrido que ya ha dañado todos los frutos de la tierra que lo circunda.  Un árbol que hay que tumbar de raíz.

Fuentes:

https://www.semana.com/opinion/articulo/la-historia-deben/338054-3

https://www.elespectador.com/opinion/duque-vs-uribe-columna-751462/

https://www.las2orillas.co/cuando-a-alvaro-uribe-se-le-embolataron-43-millones/

https://www.youtube.com/watch?v=VUQ-rO3cN4Y

Archivo portal No a la mina (Argentina): https://noalamina.org/latinoamerica/colombia/item/4953-gran-mineria-del-oro-y-el-platino-en-colombia-y-las-companias-trasnacionales

 

 

“Los saberes del monte Desindustrialización, crisis y reinvención campesina en Andagoya, Chocó (1974-1991)”.  Archivo Pdf, Universidad Nacional de Colombia: http://bdigital.unal.edu.co/41020/

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